TESOROS DE LA BIBLIA 17 al 23 de agosto

 

No se deje engañar por los falsos profetas

Discurso de 10 minutos




Hermanos, vivimos en un mundo donde constantemente escuchamos consejos, opiniones y afirmaciones que parecen convincentes. Algunas personas hablan con mucha seguridad, presentan información que parece verdadera e incluso pueden afirmar que tienen autoridad espiritual. Pero ¿cómo podemos saber si lo que escuchamos realmente viene de Jehová?

La Biblia nos advierte de manera clara: no debemos dejarnos engañar por los falsos profetas. Jehová siempre ha protegido a su pueblo dándole instrucciones claras mediante su Palabra y mediante quienes él utiliza para enseñar su verdad.

Veamos el caso del profeta Jeremías.

Jeremías transmitió instrucciones que podían salvar vidas

Leamos Jeremías 26:2-6.

Jehová le dio a Jeremías una instrucción muy clara: debía ir al patio del templo y comunicar al pueblo todo lo que Jehová le mandaba. Jeremías no podía suavizar el mensaje ni cambiarlo para agradar a sus oyentes.

¿Por qué era tan importante aquel mensaje? Porque podía salvarles la vida. Jehová estaba advirtiendo a los habitantes de Jerusalén que, si no escuchaban y no corregían su conducta, la ciudad sufriría las consecuencias.

Imaginemos la situación. Jeremías estaba dando un mensaje que muchos no querían escuchar. Sin embargo, él no pensó: “Quizás debería cambiar un poco el mensaje para que la gente lo acepte”. No. Fue fiel a las instrucciones de Jehová.

Esto nos enseña una lección importante: cuando Jehová da una instrucción mediante su Palabra, nuestra seguridad espiritual depende de escucharla y ponerla en práctica.

Pero no todos estaban de acuerdo con Jeremías.

Los falsos profetas contradecían a Jeremías

Leamos Jeremías 27:14, 15.

Los falsos profetas decían algo completamente diferente. Aseguraban que el pueblo no tenía que preocuparse y que las cosas iban a salir bien. Pero Jehová había dicho lo contrario.

Aquí encontramos un peligro muy serio: dos mensajes pueden sonar espirituales, pero solo uno puede estar de acuerdo con Jehová.

Los falsos profetas probablemente eran personas que hablaban con seguridad. Tal vez sus mensajes eran más agradables y tranquilizadores que el de Jeremías. Pero el problema no era si el mensaje sonaba bonito; el problema era si procedía de Jehová.

Esto nos ayuda a entender por qué necesitamos saber distinguir entre una instrucción verdadera y una enseñanza falsa.

¿Cómo podemos identificar la verdad?

La Biblia nos da una excelente protección. En 2 Timoteo 1:13, Pablo le dijo a Timoteo que siguiera aferrándose al “modelo de palabras sanas”.

¿Qué significa ese “modelo de palabras sanas”? Se refiere a las enseñanzas cristianas que encontramos en la Biblia.

Jesús dijo en Juan 17:17: “Tu palabra es la verdad”.

Por eso, la Biblia es nuestro modelo. Todas nuestras creencias y enseñanzas deben estar de acuerdo con ella.

La organización de Jehová nos ha ayudado a conocer y seguir ese modelo de palabras sanas. Por eso, cuando recibimos una instrucción o una enseñanza, no queremos aceptar ciegamente cualquier cosa que escuchemos. Queremos comprobar que esté en armonía con las verdades bíblicas que ya conocemos.

No creamos todo lo que escuchamos

Esto también ocurrió en el primer siglo.

Leamos 2 Tesalonicenses 2:1-5.

Algunos cristianos de Tesalónica habían escuchado el rumor de que el día de Jehová ya había llegado. Parece que incluso circulaba una carta que supuestamente provenía del apóstol Pablo.

¿Qué hicieron algunos hermanos? Se creyeron el rumor.

Pero Pablo les explicó que no debían dejarse llevar fácilmente por ese tipo de afirmaciones. ¿Por qué? Porque ya les había enseñado la verdad.

Pablo incluso terminó su segunda carta diciendo, en 2 Tesalonicenses 3:17, que escribía el saludo con su propia mano como señal de autenticidad.

Esto nos enseña algo muy práctico: no debemos aceptar automáticamente todo lo que escuchamos, aunque parezca venir de una fuente confiable.

Tenemos que comparar la información con lo que ya sabemos que enseña la Biblia.

Las mentiras pueden parecer verdaderas

Pensemos en un ejemplo de nuestros tiempos.

En la antigua Unión Soviética, los enemigos de la verdad hicieron circular una carta que supuestamente provenía de la central mundial. La carta animaba a algunos hermanos a formar una organización independiente.

La carta parecía auténtica. Pero los hermanos fieles se dieron cuenta de que su contenido no encajaba con lo que habían aprendido.

¿Qué los protegió? No se dejaron impresionar solamente por la apariencia del documento. Compararon lo que decía con las verdades que ya conocían.

Hoy tenemos un desafío parecido, pero quizás incluso mayor. La tecnología permite que una información falsa se difunda rápidamente. Se pueden copiar imágenes, documentos, grabaciones y mensajes, haciendo que parezcan auténticos.

Por eso, 1 Juan 4:1 nos da este consejo: “No se crean cualquier declaración inspirada, sino pongan a prueba las declaraciones inspiradas”.

¿Qué significa ponerlas a prueba?

Significa detenernos y preguntarnos:

“¿Está esto de acuerdo con la Biblia?”

“¿Encaja con lo que Jehová ya nos ha enseñado?”

“¿Proviene realmente de una fuente confiable?”

No queremos compartir inmediatamente algo solo porque parece interesante, urgente o impactante.

¿Cómo distinguimos una instrucción verdadera de una falsa?

Podemos pensar en tres pasos sencillos.

Primero, comparemos la información con la Biblia.

Si alguien presenta una enseñanza que contradice claramente las Escrituras, debemos rechazarla, aunque la persona hable con mucha seguridad.

Segundo, comprobemos la fuente.

Si recibimos una supuesta carta, audio, imagen o mensaje que afirma venir de la organización de Jehová, no debemos asumir que es auténtico simplemente porque utiliza nombres, logotipos o expresiones conocidas.

Tercero, no actuemos impulsivamente.

Si una información nos causa miedo, indignación o entusiasmo y nos impulsa a actuar inmediatamente, debemos tener todavía más cuidado.

Recordemos lo que dice 2 Tesalonicenses 2:2: no debemos dejarnos llevar fácilmente de nuestro razonamiento ni alarmarnos por mensajes que parezcan espirituales.

¿Qué debemos hacer entonces?

La respuesta es sencilla: aferrarnos al modelo de palabras sanas.

Cuando conocemos bien las enseñanzas bíblicas, resulta mucho más fácil detectar una mentira.

Pensemos en un billete falso. Un empleado de banco no necesita memorizar todas las falsificaciones existentes. Lo que hace es conocer muy bien el billete auténtico. Cuando aparece algo diferente, puede reconocerlo.

De manera parecida, cuanto mejor conozcamos la verdad bíblica, más fácil será detectar enseñanzas falsas.

Por eso, no dejemos de estudiar la Biblia. Prestemos atención a las reuniones. Aprovechemos las publicaciones y herramientas que nos proporciona la organización de Jehová. Y, sobre todo, comparemos siempre lo que escuchamos con la Palabra de Dios.

Conclusión

Volvamos al ejemplo de Jeremías.

Jeremías transmitió un mensaje que podía salvar vidas. Los falsos profetas transmitieron un mensaje diferente. El pueblo tenía que decidir a quién escuchar.

Nosotros también tenemos que tomar decisiones continuamente. Podemos escuchar muchas voces: personas de este mundo, información de internet, redes sociales e incluso mensajes que aparentan proceder de fuentes espirituales.

Pero Jehová nos ha dado una protección extraordinaria: su Palabra, la Biblia, y el “modelo de palabras sanas” que encontramos en ella.

Así que, cuando escuchemos una afirmación sorprendente, no nos dejemos llevar por las apariencias. Cuando recibamos un mensaje alarmante, no actuemos precipitadamente. Y cuando alguien enseñe algo que parezca espiritual, comprobemos si realmente está de acuerdo con la verdad.

Recordemos siempre las palabras de 1 Juan 4:1: “No se crean cualquier declaración inspirada, sino pongan a prueba las declaraciones inspiradas”.

Si nos mantenemos firmemente aferrados al modelo de palabras sanas, podremos reconocer las mentiras disfrazadas de verdad y, sobre todo, no nos dejaremos engañar por los falsos profetas.

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